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Me
enamoré de sus piernas (V) - 5/33
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Libro
Virtual

Título:
Me
enamoré de sus piernas - parte (V)
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Autor:
Gestialba.com |
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Productor:
Gestialba.com |
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Gión:
Gestialba.com
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Protagonista
principal:
Evelin.
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| Actores: |
Evelin,
Jorge, Mirian, Luís |
| Fotografía: |
Gestialba.com |
| Editada: |
2006 |
| Género: |
Erótico
- (33-capitulos) |
| Duración: |
005
minutos |
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Recomendada:
Mayores
de 18
años
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Salgo
de casa de Evelin, me dirijo al lugar donde tengo aparcado el
coche, tengo la sensación de que alguien me sigue, llego a su
altura y como puedo abro, entro lo pongo en funcionamiento y
salgo lo más deprisa que puedo. De camino a casa voy mirando
por el retrovisor, un coche me sigue a todas partes, haga lo que
haga el me sigue, para asegurarme de que me están siguiendo daré
dos vueltas a la manzana y giraré por la primera a la izquierda
que es dirección prohibida. Efectúo la maniobra y ese coche me
sigue, Ahora no hay dudas de que me están siguiendo.
Como la cosa no está clara. Decido ir a la policía a poner una
denuncia, espero que no se rían de mí:
-Buenas tardes. Quiero poner una denuncia.
-Señor, póngase en esa cola, cuando le toque le atenderán.
-Gracias.
He llegado a la comisaría a las 20:00 horas en punto, hay 7
personas delante de mí. Cuando han pasado 30 minutos aún
quedan 5 personas esperando al único inspector que hay tomando
declaración, si seguimos con esta progresión, saldré de aquí
a las 12 de la noche. ¡Es desesperante! Efectivamente no me he
equivocado eran las 12:15 cuando me han atendido.
-Carné de identidad por favor.
-Tenga comisario, ¡Oiga si empieza con sorna, le encierro en un
calabozo!
No sé que le he dicho que le ha ofendido tanto, supongo que le
he dado un cargo menor al que tiene y por eso se ha puesto más
cabreado que una mona sin mono.
-Señor. ¿Dígame en que le he ofendido para que me quiera
ingresar en un calabozo?
-Para su información, no soy comisario, soy un inspector.
-Perdone señor inspector, no era mi intención el bajarle el
rango.
-¡Ya veo que está usted de coña! Levante que esta noche
dormirá en el calabozo.
-Inspector. ¿Lo estará diciendo de broma?
No bromeaba, ese malhumorado individuo me encerró en un
calabozo incomunicado durante tres horas. A las tres de la mañana
se acercan por la ceda y otro inspector me abre y dice que le
acompañe:
-¿Quería usted poner una denuncia?
-No, ahora lo que necesito es llamar a mi abogado. ¿Puedo
llamar?
-Sí, Lo puede hacer no hay nada que indique lo contrario.
El inspector me indica dónde puedo realizar la llamada. Es una
cabina de monedas y no llevo cambio. Durante unos segundos me
quedo pensativo, y posteriormente me dirijo al inspector de
policía y le pregunto:
-Inspector. ¿Estoy libre?
-Señor, ni siquiera sé por qué estaba usted encerrado. Mi
compañero, simplemente me ha comentado que le tomara declaración.
-Mire, me lo he pensado mejor, y no quiero presentar ninguna
denuncia.
-Vale, Señor Jorge, tenga su carné de identidad.
-Gracias.
Recogí el carné de identidad y salí de la comisaría como el
que sale de una pesadilla. Tengo la suerte en contra. ¿Qué está
ocurriendo con mi vida? ¡Esto no debería quedar así!
Son las 4:30 de la mañana del viernes, no he pegado ojo. ¿Qué
más me puede pasar? Voy caminando tratando de relajarme en
busca de mi coche, iré a mi casa descansaré aunque sean 2
horas antes de ir a la oficina.
Al fin he llegado a casa a salvo y sano. ¡Qué días que llevo!
Tomaré un vaso de naranjada fresca y me iré a la cama. Mañana
hablaré con mi abogado para ver que puedo hacer con lo
ocurrido.
He podido dormir 3 horas seguidas, estoy perfectamente,
exceptuando el recuerdo de la aventura vivida en la comisaría.
Me visto con mi traje de los viernes y me marcho en dirección a
la empresa donde trabajo, está a una manzana de donde vivo. A
las nueve en punto entro por la puerta de mi despacho:
-Buenos días Mirian. ¡Por favor sígame!
-Buenos días Sr. Jorge, le sigo.
-Mirian, llevo dos días negros, nada me sale bien. Llame a mi
abogado y dígale que le quiero en mi despacho a las 10 de la mañana.
¡Espero que ahora no se le muera el gato y no pueda venir!
-Ahora mismo le llamo. ¿Quiere algo más?
-Sí, ¿Dígame que día es hoy?
-Viernes, Sr. Jorge y son las 9:03 de la mañana.
Mirian debe estar pensando que me estoy volviendo loco a causa
del consumo de algún alucinógeno. Yo me empiezo a preguntar lo
mismo. ¿Qué es lo que me está ocurriendo?
Mientras llega mi abogado, seguiré trabajando en el presupuesto
que debo entregar a la Srta. Evelin de la empresa Tornillos
Rodantes, S.A.
El presupuesto no es difícil de calcular, es un programa que
tengo estándar al que simplemente tengo que adaptar los cálculos
característicos de la empresa y ese trabajo lo puedo hacer en 2
horas.
-Sr. Jorge, Su abogado ha llegado. ¿Le hago pasar?
Salgo a la puerta de mi despacho a recibir a Luís, mi amigo y
abogado, al que nunca tengo cuando necesito.
-Hola Luís, ¿Cómo estás?
-Podría estar mejor.
-Tenga Mirian, pase este presupuesto a limpio y encuadérnelo
como es habitual.
Pacientemente cuento a Luís todo lo sucedido desde el martes,
el me escucha sin ni siquiera hacer un gesto con su cara, cuando
termino de ponerlo al día me dice:
-Jorge tengo que decirte dos cosas: La primera, no denuncies a
la comisaría, no lograrás nada. ¡Bueno Sí! Lograrás perder
muchas horas de trabajo. No tenemos prueba alguna de lo que me
estás contando, te aseguro que perderemos. La segunda cosa es
que yo no soy psiquiatra.
-¿Qué hacemos con la denuncia?
-No te he dicho nada, ¡Déjala correr!
Luís se levanta de su asiento y me deja una tarjeta en la mano,
me da una palmada en el hombro y me dice:
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-Amigo
Jorge, hazme caso y no trabajes tanto. ¡Por favor te lo pido!
Tengo que hacerle caso y concertar una entrevista con el
psiquiatra, esto que me está sucediendo no puede ser real.
-Mirian, venga a mi despacho.
-¿Qué desea Sr. Jorge?
-Quiero que llame a este doctor y pida hora para que me
visite.
-No se preocupe, ahora mismo le llamo. Ya le diré la fecha y
la hora.
Me tomaré un refresco de naranja ¡Cuánto me gustaría
recibir en estos momentos un masaje! Estoy en exceso tenso
tengo que relajarme. Esperaré hasta las 6:15 de la tarde y
saldré para casa de Evelin, hoy la causa de todas mis
pesadillas.
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Me
enamoré de sus piernas -
parte (I)
Me enamoré de sus piernas -
(II)
Me
enamoré de sus piernas -
(III)
Me
enamoré de sus piernas - (IV)
Me
enamoré de sus piernas - (V)
Me
enamoré de sus piernas -
(VI)
Me
enamoré de sus piernas -
(VII)
Me
enamoré de sus piernas -
(VIII)
Me
enamoré de sus piernas - (IX)
Me
enamoré de sus piernas - (X)
Me
enamoré de sus piernas - (XI)
Me
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Me
enamoré de sus piernas - (XVIII)
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Me
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Me
enamoré de sus piernas - (XXVIII)
Me
enamoré de sus piernas - (XXIX)
Me
enamoré de sus piernas - (XXX)
Me
enamoré de sus piernas - (XXXI)
Me
enamoré de sus piernas - (XXXII)
Me
enamoré de sus piernas - (FIN)
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