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Masturbarse con dos vibradores

Libro Virtual

Título: Masturbación con dos vibradores

Masturbarse con dos vibradores

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
María.
Actores: María
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

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Este libro de pequeños, y Grandes Relatos Eróticos, está totalmente escrito por nuestro escritor, y director de gestialba.com, ningún relato a sido copiado ni extraido de ningún portal, ni de ningún otro Autor.

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Tengo 53 años recién cumplidos, hace algo más de un año, el que fue mi esposo durante más de 26 falleció de un paro cardíaco. Con 51 años me quedé sola, no he tenido hijos. No tengo problemas económicos dado que teníamos negocios que he liquidado, el líquido conseguido sumado a la saneada cuenta que teníamos da para vivir cómodamente varias vidas. No me puedo quejar, no he pensado en contraer matrimonio nuevamente. Con el que fue mi marido durante todo ese tiempo, disfruté del sexo de manera muy convencional y de vez en cuando, nunca me quejé, el se puso enfermo al poco tiempo de casarnos y nunca le exigí más de lo que él por sí, solo me daba. Debido a la enseñanza que recibí en un colegio de monjas, el simple echo de tocarme mis genitales para autosatisfacerme me hacía pensar en que hacía algo malo y fuera de lugar. Me enseñaron que el sexo hay que hacerlo con el marido y basta. Por lo tanto:

Ahora me encuentro sola en una gran casa, aburrida ya que no trabajo y constantemente pensando en el sexo. Soy una mujer muy religiosa y no quiero faltar a los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Hoy he ido a confesarme, le he explicado al párroco lo que me ocurre y la solución que me ha dado es que me busque un buen hombre y que contraiga matrimonio. Esa solución la descarto, no me apetece un hombre, solamente me apetece masturbarme, empiezo a creer que el hecho de masturbarse no es ningún pecado. Es una forma de aliviar el deseo físico de sexo. Ya de vuelta de la iglesia he pasado por delante de una tienda nueva que han montado en una calle cerca de donde vivo. Me he quedado mirando el escaparate, tanto los hombres como las mujeres que pasaban me miraban como un bicho raro. La verdad es que soy una mujer chapada a la antigua, y visto muy recatada y encima voy de luto. Me decido, desde ahora mismo voy a cambiar mi vida, entro en la tienda y al fondo un dependiente y a la derecha una dependienta de unos 30 años. Se acerca la chica y dice:

-¿Desea usted algo, Señora?
-Si... Verá... Es que...
-Señora tranquila, si no tiene experiencia y no sabe lo que quiere. Déjeme que yo le aconseje. ¿Está usted casada?
-Soy viuda.
-¡Vale, ahora sé lo que desea! Primero le voy a recomendar que lea este pequeño librito que yo misma he escrito ¡Se lo regalo! Ahora le recomiendo se compre este vibrador y este otro y este lubricante con efectos dilatador y afrodisíaco, coja estos paquetes de baterías para los vibradores. Con esto tiene usted bastante para empezar, le aseguro que cuando le saque provecho a esta compra nos volveremos a ver. ¡Muchas gracias por su compra!
-Gracias, ha sido usted muy amable aconsejándome.

La chica de la tienda se debe estar aún riendo de ver una vieja como yo comprando semejantes artículos. Los consoladores tienen una longitud y un grosor considerables, miden 25 centímetros de largo y 4 de grueso. Mi marido tenía un aparato muy pequeño, aunque tenerlo grande no le hubiera servido para nada.

Cuando he llegado a casa, lo primero que he hecho es quitarme la ropa de luto, me he quedado en enaguas sujetador, medias y zapatos. He ido al armario para ponerme la ropa más atrevida que tenga, tras mucho mirar me he dado cuenta de que me he convertido en casi una monja de clausura, todos los vestidos que tengo dan pena, largos y de colores apagados, horrorosos. He girado mi cabeza y me he visto reflejada en el espejo del armario. Por primera vez en mi vida me doy cuenta de que la he desaprovechado, tengo 53 años y parezco y visto como una vieja ¡Esto tiene que cambiar! Ahora mismo me marcho a comprar ropa moderna.

Sin pensarlo un momento, me vestí y fui al centro de moda más cercano. Compré de todo lo que se puso por delante, vestidos de los colores más alegres, unos transparentes, otros cortos y ajustados. Medias de seda, pantys, zapatos de tacón y bragas de varias formas y telas. En definitiva, compré todo un vestuario nuevo, pagué y le dije a la encargada del establecimiento:

-¿Pueden llevarme todo lo que he comprado a mi domicilio?
-Si señora, en 30 minutos lo tiene todo en casa.

Entraba por la puerta de mi chalet cuando llegaba el furgón de reparto, descargaron todo lo que me había comprado y lo llevaron hasta mi dormitorio. Les di una buena propina, los acompañe hasta la puerta de salida y me dispuse a probarme los modelitos adquiridos.

Con la confesión, la compra en la tienda de artículos de sexo y la compra de ropas me han dado las 3 de la tarde, estoy tan nerviosa y decidida a cambiar de vida, que ni siquiera tengo ganas de comer. Es la primera norma que romperé, desde ahora comeré cuando me apetezca, no por narices a la una del mediodía como lo he estado haciendo desde que me casé.

Nuevamente ante el espejo, me desnudo, ¡fuera todo lo antiguo que tengo! ¿Qué es esto? Toda roja y con un gran calor en las mejillas saco fuerzas desde mi interior dirijo la mirada a mi vagina, es demencial, ¿Cómo me he podido dejar tanto? Hasta ahora no me había dado cuenta de lo espantosa que resulto, los pelos de las piernas miden de 1 centímetro, 4 centímetros los del... los del... ¡Qué coño! Los pelos del coño deben medir 15 centímetros, apenas si veo mi vagina. Me fui directamente al cuarto de baño y miré por las cosas de mi marido, tuve suerte y encontré gel de afeitar y un paquete de cuchillas desechables. Me enjaboné por todo en cuerpo y empecé la ardua tarea de afeitarme, estuve casi hora y media quitando pelo, me duché, apliqué una capa de crema hidratante por todo en cuerpo. Volví al dormitorio:

Me miré al espejo y parecía otra mujer. Me había quitado años, y muchos pelos de encima, hasta mi coño resultaba apetitoso. Ya empiezo a decir al pan, pan y al coño, coño ¡Que coño! Tanta tontería, tanta hipocresía. Tanto miedo a ver las zonas íntimas de mi cuerpo, como es mío, desde ahora lo miraré y lo tocaré todo lo que me apetezca. Ya es tarde y empiezo a tener hambre, me calcé con unos zapatos de tacón alto y como pude llegué hasta la cocina para prepararme un bocadillo que me comí acompañado de una copita de vino tinto de rioja reserva. El calorcito del vino hizo que subiera la temperatura de mis mejillas, me puse otra copa y me la bebí de una tirada.

Mi cuerpo empezó a reaccionar con deseo llevé mis manos a mi vagina y noté que estaba chorreado, ¿era sudor o mucosa vaginal? Orina sé que no es, pues no padezco hasta el momento de incontinencia urinaria. Me llevo la mano hasta la altura de mi nariz y la olfateo ¡Es un aroma penetrante! ¡Es excitante! Empiezo a estar lubricada y deseosa de introducirme un aparato vibrador por la vagina.

Le echaré un vistazo al librito que me ha dado esa simpática chica de la tienda de artículos de sexo. Bien según dice: Lo primero que tengo que hacer es untar con la crema lubricante para no irritar la zona a penetrar, que tanto puede ser la vagina como el ano “que es el principio del recto en cristiano” ¡Ostras! ¿Por el ano quiere esta mujer que me meta semejante aparato? Bueno... si ella lo dice, y además lo escribe, será cierto que se puede meter.

Veamos... ¿Cómo se le ponen las pilas? ¡Es fácil! Lo pongo en marcha, ¡Qué sensación más relajante! Armados los vibradores con sus cargas correspondientes de baterías me dispongo a iniciar la masturbación, esto de masturbarse con dos vibradores debe ser un a cosa fuera de serie.

Tumbada en la cama, en la espalda una almohada para estar cómoda, las piernas separadas lo más que puedo y las rodillas flexionadas, tumbada frente al espejo del armario me permite que tenga una visión fantástica de la totalidad del coño ¡Venga María! Cojo el bote de lubricante y vierto un poco en mis dedos índice y corazón y me lo aplico por la vagina ¡Qué sensación de calor! Con el bote aplico un poco a la altura de mi clítoris, que sé que existe porque lo aprendí furtivamente en el colegio, me froto suavemente por toda la zona, aplico un poco al vibrador y como dice el libro paso su punta por mis labios vaginales desde abajo hacia arriba hasta llegar al clítoris. Repito esta operación hasta estar bien excitada, las vibraciones hacen que casi me orine de gusto, pero consigo aguantarme. Ahora introduciré el otro vibrador por la vagina como si fuera un pene. Con un poco de miedo pero con mucha excitación lo introduzco hasta el fondo, en su viaje desde la entrada de la vagina va rozando las paredes vaginales que al tiempo van produciendo la mucosa vaginal, el vibrador al llegar al final de la vagina, hace que se estremezcan mis entrañas. Dentro, fuera y así repetidas veces y todo lo lento que puedo. Al final lo dejo introducido en su totalidad y apoyado sobre la cama. Con el otro froto mi clítoris hasta conseguir con la masturbación el orgasmo más intenso que nunca jamás había experimentado. 

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En la cama ha quedado un gran charco de mucosa vaginal mezclada con sudor y algo de orina ¡Ha sido exuberante! Y he sentido un placer indescriptible ¡Qué divertido masturbarse con dos vibradores! Desde ese día no dejo de masturbarme y soy muy feliz.

Desde que cambié de estilo de vida, soy una mujer diferente, moderna, cuidada físicamente y muy elegante. Más de un hombre me ha tirado los tejos pero no estoy por la labor. Sin embargo si que estoy interesado en una mujer algo menor que yo, intentaré ligármela. Me he convertido en una adicta a la masturbación con dos vibradores, y hasta lo he probado con tres. La introducción del vibrador por el ano fue difícil ¡Lo conseguí! Ahora ya entra como Pedo por su casa. Algún día lo contaré...

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