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Es
una costumbre muy mal vista, ¡Es tabú! Pero aun así la contaré,
si no lo hago yo, ¿quién lo hará? Ella por hecho lo doy que
no. Mi madre y yo follamos a diario, es una mujer muy fogosa que
disfruta dando y recibiendo amor, mi relación, ¡nuestra relación!
Dura ya 5 años, lo recuerdo bien porque fue el día de mi 15
cumpleaños cuando empezamos. No me arrepiento, no se
arrepiente. Nos amamos como madre e hijo que somos, pero además
nos queremos como pareja.
Recién
amanecido el día 23 de octubre, en una fría mañana de otoño,
mi madre amaneció alegre, ¡muy contenta! Cantaba canciones y
bailaba loca de contenta:
-¿Por
qué estás tan contenta mamá?
-¿No
lo sabes?
-No,
¿qué es lo que he de saber mamá?
-Hoy
es el día de tu cumpleaños hijo. Y estoy contenta ya que te
tengo un regalo reservado que nunca olvidarás, ¡lo sé!
Durante
toda la mañana no paró de bailar y cantar, ¡era muy extraño!
Tanta felicidad no puede ser buena.¡Al menos eso dicen!
La
mañana pasó sin incidente alguno, ni mi gato se comió al hámster
de la vecina, ni su perro se comió a mi gato. Todo sucedió
como tenía que suceder. Llegó la tarde, mi madre había
invitado a todos sus conocidos, me dijo que yo invitara a todos
los chicos y chicas que conocía, que esta fiesta tendría que
ser la mejor de mi vida, así lo hice.
Yo
quince años, mi madre treinta y cinco. Mi madre era la envidia
de todas sus conocidas y la deseada de todos los hombres que se
cruzaban con ella. Les prometo que no es por que sea mi madre,
no es pasión de hijo, es la pura verdad, ¡es un bombón de
mujer!
La
fiesta fue todo un éxito, mis amigas estaban por mí, mis
amigos lo mismo. Todo eran flores, todo eran halagos. Mis amigos
no perdían detalle, todos querían bailar con mi madre, ¡no
era para menos! Lucía un traje negro ajustado que le hacía
excitar al más experto. Yo su hijo, para no ser menos y a pesar
de ser mi madre también me estaba excitando por momentos.
Cuando tuve ocasión, bailé una pieza con ella, muy melosa me
hizo saber hablándome al oído:
-Lorenzo,
estoy deseando que toda esta gente se valla a casa. Tengo ganas
de quedarme a solas contigo para darte mi regalo.
-¿Qué
es mamá, dímelo por favor?
-No
seas impaciente. Cuando estemos solos lo averiguarás.
No
tenía más remedio que ser paciente, la fiesta no había hecho
más que empezar y hubiera sido una verdadera grosería hacer
que se fueran todos los invitados. Sobre todo el amante de mi
madre. Amante con el que me llevaba bien, era un tío muy
enrollado que además hacía disfrutar de lo lindo a mi madre en
la cama. Mi padre asistió a la fiesta pero se marcho nada más
darme el regalo, se marcho con una de sus muchas novias. Mis
padres son una pareja muy liberal que eso del matrimonio lo ven
como un puro formulismo. Cada uno hace lo que quiere y cuando
quiere, ¡no se reprochan nada! Y dinero no les falta. ¿Qué más
pueden pedir? ¿Qué puedo desear? La fiesta termino:
-¿Lo
has pasado bien Lorenzo?
-Sí
mamá, me he divertido mucho y todo ha salido a pedir de boca.
¡Soy muy feliz!
El
regalo que mi madre me tenía reservado me tenía muy intrigado,
pero no le hice referencia alguna, ella me lo dirá cuando
llegue el momento. Ya relajada gritó:
-¡Al
fin solos!
Esas
fueron sus palabras, se descalzó de sus bonitos zapatos negros
de tacón altos que tan sexy le hacían lucir sus piernas. Pero
debería estar cansada, eran unos zapatos de tacón muy altos,
aunque elegantes, ¡sin duda cansados de llevar! Descalzada,
empezó a bailar al son de la música lenta que había colocado,
se contorneaba y se acariciaba todo el cuerpo. Yo estaba cada
vez más excitado, era muy joven como para no estarlo. Dijo:
-Ven
Lorenzo, baila conmigo.
-Encantado
de hacerlo mamá. ¡Qué hombre rechazaría bailar con tan
hermosa mujer!
-¡Qué
sorpresa Lorenzo! Te estás convirtiendo en todo un caballero.
¡Qué piropo, me halagas!
Mi
madre puso sus manos en mis hombros y posó su cara en mi
hombro, sentía su respirar en mi cara y el palpitar de su corazón,
sin dudas estaba excitada, ¡yo lo estaba! Posé mis manos en su
cintura y así estuvimos bailando durante un tiempo. Mi pene
estaba apunto de reventar, y aunque era un niño, mi madre
notaba el bulto rozando su bajo vientre. Con voz tenue me dice
al oído:
-Lorenzo,
¿Sabes lo que es follar?
-Si
mamá, en la escuela nos han enseñado todo lo referente al acto
sexual.
-Me
alegro que lo sepas todo. ¿Te gustaría follar con tu madre?
-¿Qué
dices mamá, eso está muy mal? Eso es incesto, además soy
menor. Te podrías meter en un buen lío.
-Sí
es cierto. ¿Tú me denunciarías?
-Sabes
que no te haría ningún mal mamá.
Terminó
la pieza que sonaba y mi madre hizo que me sentara en el sofá,
ella frente a mi siguió con sus insinuante baile. Pero esta vez
hizo una cosa que me excitó sobremanera, alzó su ajustado
vestido hasta dejar al descubierto sus muslos pero sin dejar que
viera sus bragas. Señalándome con su dedo índice derecho
dice:
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