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Cualquier
persona en su sano juicio diría que estoy loca, o cuanto menos
que soy una desvergonzada, ¿dirán ustedes, por qué? Porque
quiero que mi abuelo se valla feliz al otro mundo, quiero que
antes de morir eche el último polvo de su vida. El pobre lleva
viudo 25 años y desde ese día no ha podido realizar acto
sexual alguno ya que entró en un estado catatónico, no llega a
ser un coma, ya que oye y hasta suelta algun que otro sonido
inteligible. Un día mientras le cuidaba, estaba sola en casa y
como era verano y tenía mucho calor me puse en sujetador y
braguitas. Fue entonces cuando observé que mi abuelo tenía
ganas de practicar el sexo, ¡dentro de sus limitaciones claro!
Le dije:
-Abuelo,
perdona que esté en sujetador y bragas, ¡tengo mucho calor!
-Ha,
hum.
No
entendí lo que quería decir, pero si vi claramente que clavó
su mirada en mi entrepierna, ¡pobre! Sin dudas recordaba sus
tiempos de juventud, sus tiempos de cuando era persona y no un
simple vegetal. ¡Qué triste es la vida! Fue en ese momento
cuando se me ocurrió la idea:
-¿Abuelo,
quieres ver mis pechos?
Esta
vez no articuló palabra alguna, pero movió la cabeza
realizando un movimiento afirmativo. No lo dudé, fui a mi
habitación y traje el reproductor de cds y puse una música de
su tiempo que días antes me había bajado de Internet. Inicié
un baile sensual y lentamente me despojé del sujetador, mis
pequeños y redondos pechos quedaron al aire para su disfrute,
los acariciaba. Y observaba en él una ligera sonrisa aflorando
de sus labios. En ese momento el miedo invadió mi cuerpo, recogí
el sujetador y salí de la habitación con miedo de ser
descubierta por mis padres que estaban por llegar de un momento
a otro.
Tengo
25 años, pero si mis padres me encuentran realizando el incesto
con mi abuelo en cualquiera de sus versiones son capaces de
matarme allí mismo. Sobre todo mi padre que es un ser
cuadriculado y beato como no los hay. Ya en mi cuarto algo más
relajada, me puse el sujetador una camisa y unos pantalones
cortos y regresé para recoger el reproductor de cds. Tuve
suerte, nada más salir de mi habitación, ellos llegaron y
subieron a ver al abuelo y como no podía ser de otra manera
preguntaron:
-¿Qué
hace este aparato de música en el cuarto del abuelo? –Preguntó
mi madre-
-
Le he estado poniendo música de sus tiempos.
Son
tan autoritarios que no dejan que haga nada por iniciativa
propia, me estuvieron interrogando y hasta me hicieron poner la
música que yo decía que le había colocado, ¡menos mal que
era cierto! Si me hubieran pillado en un renuncio hubieran
pensado que estaba escuchando música de la mía a toda
pastilla, ¡me lo tienen totalmente prohibido!
Carlos
Gardel y Gloria Laso me salvaron de ser ajusticiada, ¡qué
ganas tengo de emanciparme!
Pasaron
los días, y mis padres tenían que ir a una convención
religiosa, por suerte para mí, alguien se debía quedar con el
abuelo. Era la ocasión genial para hacer lo que tenía pensado
hacer con el abuelo, tendría dos días casi completos para
hacerle disfrutar.
-Que
no se te ocurra salir mientras estamos fuera.
-Sí
mamá.
-Y
mucho menos que nadie venga a casa.
-Sí
papá, sí papá...
Así
estuvieron durante un rato dándome órdenes como si fuera una
niña de 14 años que se disponía a quedarse sola, ellos no sabían
que estaban tratando con una persona adulta, ¡vamos, todo lo
adulta que se puede ser a los 25 años! Después de 750
advertencias mis progenitores autoritarios se marcharon, ¡bien!
Que los aires les sean propicios.
Estaba
deseando que se marcharan para llevar a cabo el plan de hacer
disfrutar al abuelo. La vez anterior le enseñé los pechos,
pero esta vez tenía en mente hacerle un pase de lencería.
Lencería que sé que mi madre tiene a buen recaudo, lencería
que utiliza para poner caliente a mi padre, ¡serán falsos!
Tanta religión y luego son más perversos y ateos que el Marqués
de Sade, ¡ellos no lo saben, pero los he visto!
Fui
a la caja fuerte que mis padres tienen oculta en su habitación,
un día por casualidad encontré la clave de entrada y sé donde
guardan la llave. La abrí y cogí la llave del desván. Mis
padres tienen muchos secretos, por eso lo tienen todo bajo
llave, aprovecharé para verlo todo. Nada más entrar al desván
me llevé la primera sorpresa, no era un desván, aquello parecía
una sala de tortura masoquista insonorizada. Había aparatos de
placer sexual de todas clases, cajas de condones, cremas
lubricantes dilatadoras, una colección de aparatos para
masturbarse que harían mis delicias, y con ellas disfrutaría
mi abuelo, aquello parecía un sexchop. Una vez satisfecha mi
curiosidad me dirigí al armario para ver si encontraba la
lencería erótica que quería utilizar. Abrí el armario y quedé
alucinada por la gran cantidad de vestidos y prendas sexys que
allí guardaba mi madre, eso sin decir la cantidad de zapatos
que habían. ¡Era una locura! Por suerte tengo las mismas
medidas que mi madre, me estuve probando infinidad de modelitos
a cual más sexy y provocador. Estaba tan excitada que casi me
olvido del abuelo. Pero recobré el sentido, tomé lo necesario
y bajé a la habitación del abuelo:
-Hola
abuelo, ¿Te gusta este modelito que me he puesto? –Movió la
cabeza afirmativamente-
Me
coloqué un traje de nylon de esos de cuerpo entero, sus
trasparencias dejan adivinar todo lo que hay y lo que no hay. Un
cinturón y unos zapatos negros de tacón alto, eso era todo lo
que me puse. Me miré al espejo y yo misma me excitaba, ¡será
posible! Lo era, por que mi vagina estaba totalmente húmeda y
preparada para ser penetrada por los consoladores que me había
traído. Mi abuelo no quitaba ojo de mi entrepierna, sin duda
alguna lo que más le gustaba era mi joven y depilado coño.
En
ese momento no era consciente que lo que iba a realizar era un
acto de incesto abuelo nieta, ¡mejor dicho! incesto de nieta al
abuelo. Sea como sea está prohibido por la justicia, ¡pero eso
era lo de menos! No era consciente de que mi abuelo debido a la
excitación podía sufrir un paro cardíaco.
-¿Pongo
música abuelo?
Él
como un autómata hizo el signo afirmativo con la cabeza, quiso
que pusiera la colección de canciones de Gloria Laso, sin duda
le recordaba sus tiempos de novios con la abuela, ¡supongo! El
caso es que empecé a masturbarme sentada frente a él de manera
que no perdiera detalle de la entrada y salida del consolador en
mi chorreante vagina. No perdía detalle y veía el placer en el
brillos de sus ojos, pero eso no fue todo, cuando llevaba cinco
minutos de masturbación observé un pequeño bulto a la altura
de su miembro, ¡pensé, es imposible! Interrumpí mi placer
para verificar que era lo que ocurría, ¡cielos! ¡Qué era
aquello! Tenía el pene totalmente tieso, ¡Esta es la mía! Fui
a mi habitación a toda velocidad a por un preservativo que tenía
a buen recaudo y se lo coloqué, me puse a horcajadas sobre él,
y lo introduje lentamente en la vagina, inicié in mete y saca
lento, experimenté el orgasmo más intenso que hasta ese día
había tenido. Supongo que era debido al morbo de estar
practicando el incesto con mi abuelo.
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Él
después de dos minutos eyaculó, le salían lágrimas de sus
ojos y su cara era de verdadera satisfacción. Estaba feliz,
yo estaba muy excitada, le quité el preservativo y le hice
una mamada que le será difícil olvidar. Durante todo el día
estuve haciéndole disfrutar, el tío cada vez que lo
necesitaba ponía su pene en erección. Por suerte en el
armario del desván había cajas de preservativos en
cantidades industriales. Utilicé 12, doce corridas en 24
horas, eso ni el mejor de los amante es capaz de hacerlo.
Al
día siguiente llegaron mis padres, para ese momento lo tenía
todo preparado para que no sospecharan nada,
al abuelo lo tenía aseado para que vieran que lo había
cuidado. El muy pillastre cada vez que me veía sonreía, yo
salía lo antes posible no fuera que por la emoción pusiera
su herramienta en posición de disparo. ¡Sería muy violento
y difícil de esplicar! ¿No creen?
Lamentablemente
o afortunadamente para él, pasaron tres días desde el
regreso de mis padres y murió placidamente durante la noche.
¡En paz descanses abuelo! Espero que estés donde estés,
sepas valorar lo que hice por ti. ¡Un beso, abuelito!
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Publicar, un Relato escrito
por mi
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Libro
Virtual |
pág.
55 |
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