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Incesto de hermana a hermano 

Libro Virtual

Título: Incesto de hermana a hermano

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Felipe.
Actores: Felipe, Noelia
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Fantasía - (Incesto)
Duración: 010 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Vivo sola en una ciudad que dista 100 kilómetros de donde viven mis padres y hermanos, tengo 35 años, soy morena con los ojos marrones, mido 190 centímetros de altura, peso 75 kilos y soy de complexión fuerte y estoy en forma ya que hago mucho deporte, soy soltera y por el momento no tengo pensado vivir en pareja. Trabajo como directora de marketing en una conocida empresa, en la que soy deseada por algunos hombres y envidiada por muchas mujeres. Pero no es de mí de quien quiero hablar, es de mi hermano.

Mi hermano cumplió la semana pasada 18 años, y por motivos de trabajo y alguna otra cosilla, no pude desplazarme para celebrarlo, cuando llamé para felicitarlo le dije que viniera a mi casa este fin de semana, así lo podemos celebrar aunque sea con retraso. Es el pequeño y siempre lo hemos mimado, es un chico muy retraído que apenas ha salido de casa y es muy ingenuo, a pesar de sus 190 centímetros de estatura ¡Parece un niño! Como yo también es de complexión fuerte, parece un armario de dos puertas, pesa 90 kilos y es muy ágil. Le he dicho que le tengo preparado un regalo sorpresa que creo le gustará. Ha aceptado mi invitación, aún no tiene carné de conducir y por lo tanto no tiene coche, vendrá en tren. He insistido en que lo pasaré a recoger por la estación pero él se ha empeñado en venir en taxi hasta casa. Llaman a la puerta debe ser él:

-¡Hola Felipe! Te veo más alto ¿Has crecido?
-Sí Noelia, he crecido 10 centímetros, ahora mido 2 metros justos y peso 95 kilos.

Cuando vivía en casa, no hace mucho tiempo, siempre hacía bromas con él respecto al sexo. Para cabrearlo cuando me duchaba salía del cuarto de baño en bragas y sujetador y eso a un niño de 15 años le cabreaba y le excitaba a la vez. Mi madre decía que no estaba bien lo que hacía, y que no le parecía correcta la forma de vestir delante de un hombre. Discutimos y por ese motivo me marché de casa pero eso como normalmente se dice, es otra historia. Le digo:

-¿Cómo vas de amores? Con ese cuerpazo ¡Te las llevarás de calle!
-No empieces Noelia, sabes que no me gusta hablar del tema sexual. ¡Me pones nervioso!

Desde que Felipe cumplió los 14 años, tuve ganas de practicar el sexo con él, no me da vergüenza alguna el decirlo, Desde ese momento quise practicar el incesto de hermana a hermano, el incesto consentido entre hermanos debe ser maravilloso y más con mi edad. Nunca tuve la oportunidad pero este fin de semana lo intentaré:

-Felipe dame un beso ¡No seas tímido!

Nada más sentir la palabra beso se ha puesto rojo como un tomate, para besarle no me he tenido que esforzar, debido a las sandalias de tacón alto que llevo puesto soy de su misma altura, cuando me marché de casa era de mi misma altura y ya me saca 10 centímetros. Al besarlo me las he ingeniado para rozar mis labios levemente con los suyos. Una mujer como yo, con 35 años que dedica gran parte de su tiempo a trabajar tiene la vida sexual casi olvidada. Me he vestido muy sexy para provocarle y excitarle. Le digo:

-Siéntate, ¿Estarás cansado del viaje?
-¡Qué dices Noelia, es una hora de viaje!

Sentado en el sofá y yo en el sillón que tengo a un lado le permite ver mis piernas al descubierto ya que me he puesto una falda corta, hace lo imposible por no mirarlas pero sin duda las ve, el pobre está más que nervioso:

-¿Te gustan Felipe?
-¿A qué te refieres Noelia?
-No te hagas el despistado, te pregunto si te gustan mis piernas.
-Sí, pero como eres mi hermana no me he fijado demasiado.

Lo estaba haciendo sufrir, pero es el precio que debe pagar para ir perdiendo la timidez, tiene que empezar ha estar relajado frente a la perversa de su hermana, él todavía no lo sabe, pero el regalo que le tengo preparado soy yo:

-No digas tonterías, aunque sea tu hermana, soy una mujer y además estoy maciza ¡Mira que muslos! ¿Qué te parecen?
-Muy bonitos Noelia.

Apenas si atinaba a decir las palabras, su cara parecía un tomate maduro. Me puse en pie para que viera mis piernas al completo, me remangue la falda y las ligas quedaron a la vista, sentado como estaba estoy segura que me pudo ver las bragas, cosa que no pretendía, trataba de ir excitándolo poco a poco para que recordara este regalo el resto de su vida:

-¡Mírame bien! ¿Qué es lo que te gusta más de mi cuerpo? No te apresures, daré unas vueltas como hacen las modelos y luego me lo dices.

Mi inexperto y joven hermano desde el sofá observaba como su hermana mayor hacía un pase exhibiendo sus atributos. Hice unas pasadas de derecha a izquierda andando lenta e insinuantemente, mis zapatos de tacón alto daban a mis piernas una esbeltez aún más provocativa:

-Dime Felipe, ¿Sinceramente, qué es lo que más te gusta de mi cuerpo?
-En general me gustas toda, pero en particular lo que más me gustan son tus pies y tobillos ¡Son sensuales! Esas sandalias de tacón alto los hacen muy seductores, los dedos de los pies son provocadores. Siempre me han gustado tus pies.
-¡Ay pillastre! ¿Eres un fetichista de los pies femeninos? ¿Quieres tocarlos?

Sin dejarle decir una palabra, fui hasta donde estaba sentado y puse mi pie derecho encima del sofá, en esa posición podía acariciarlo cómodamente con sus manos. Al tiempo que podía ver claramente mi entrepierna, la escena era muy sensual. No se pudo resistir y se decidió a acariciarme. Cuando su mano izquierda rozó levemente mi pie, lo retiré y me aleje de él:

-Lo siento Felipe, no se que me ha pasado. Te estoy seduciendo y eso está muy mal, mantener relaciones sexuales entre hermanos es un delito ¿Sabes que si lo hiciéramos cometeríamos incesto entre hermana y hermano?
-Por supuesto que lo sé. ¿Pero qué tiene de malo que yo te acaricie los pies? 

Expresamente lo estaba haciendo sufrir, su entrepierna denotaba inconfundible la erección de su pene. Quiero que haga trabajar su imaginación antes de que le deje que me disfrute:

-Tienes razón Felipe ¡Luego, a lo mejor te dejo que me des un masaje! Ahora de momento quiero que bailes conmigo.
-¡No! ¡No me hagas esto! Nunca he bailado con nadie ¡No lo sé hacer!
-¡Yo te enseñaré! ¡No te preocupes, hermano mío!

Cuando se levantó pude observar la erección de su pene, le miré insinuante a sus ojos y el me sonrió marcando una mueca con su rostro. Le hice poner sus manos en mis caderas y yo puse las mías alrededor de su cuello. En esa posición estuvimos bailando durante varias canciones románticas de las que había dispuesto en el reproductor de discos compactos, de vez en cuando le daba un beso cerca de sus labios pero sin llegar a rozarlos. Con mi pecho rozando el suyo notaba y hasta escuchaba las pulsaciones aceleradas de su corazón. El baile sin duda alguna le estaba provocando una excitación poco usual para él, por momentos le empecé a notar frío y con sudor en su frente:

-¿Te encuentras bien Felipe?
-No, la excitación y el placer de bailar contigo están haciendo que me maree.
-Siéntate, te traeré un baso de agua.

Al acompañarle al sofá aproveche para rozarle su abultada entrepierna con mi mano, al notarla en su pene hizo una leve contracción pero no dijo nada. Fui en busca del agua y le hice tomar unos tragos. En unos minutos ya se había recuperado de la excitación, como no quería forzar la situación y sobre todo no quería provocar un infarto a mi joven hermano, decidí que por el momento ya era bastante:

-¿Te encuentras mejor Felipe? Veo que ya no sudas, y te noto más caliente. ¿Qué susto me has dado?
-¡Lo siento Noelia! Soy un inexperto ¡Nunca he estado con ninguna chica! Tú haces que me ponga así de nervioso.
-No me creo que con ese cuerpo que tienes no hayas estado con ninguna chica todavía. 
-Noelia, tú sabes que yo no salía de casa, que siempre estaba en mi habitación estudiando, las chicas me dan pánico, no sé que hacer, ni que decir cuando están junto a mí.

Mi hermano, mi joven hermano me estaba confesando que a pesar de su edad nunca había visto a ninguna chica desnuda, y mucho menos la había tocado. Sin duda alguna el regalo que estaba dispuesta a hacerle sería el mejor regalo que le podía hacer. Para él será un excitante regalo, para mí el cumplimiento de una fantasía, practicar el incesto con mi hermano menor será fantástico:

-¡Es verdad! Recuerdo que siempre estabas encerrado en tu habitación. Supongo que cuando me veías en bragas y sujetador te masturbarías pensando en mí.
-Sí Noelia, lo he hecho muchas veces. Se que estaba mal ¡No lo podía evitar! ¿Me perdonas?
-No seas tonto, ¿De qué te tengo que perdonar? Hacías lo que tenías que hacer, practicabas el incesto platónico con tu hermana. No creas que eras el único, yo también me masturbé alguna vez pensando en ti. ¡Y créetelo, disfrutaba de lo lindo!
-¡Qué dices! Si Tú tenías a todos los chicos que querías.
-¡Ya lo sé! Pero tú has sido mi obsesión desde que eras pequeño. ¡Tengo una idea!

La conversación empezaba a ser la idónea para decirle que el regalo de cumpleaños era yo, era el momento preciso ya que empezaba a estar relajado, sus manos no temblaban y su rostro debido al mareo recobró su color habitual. Le daré su regalo pero de manera que lo consuma poco a poco:

-¡Dime Noelia! ¿Qué se te ha ocurrido?
-Te lo explico. ¿Te acuerdas que por teléfono dije que tenía un regalo para ti? 
-¡Claro que lo recuerdo! Me dijiste que era una sorpresa. Estoy impaciente por saber de que se trata el prometido regalo. ¡Por favor, dime qué es!
-¡Vale, te lo diré! El regalo es... El regalo soy yo. Pero es un regalo con condiciones.
-Noelia, no entiendo como tú puedes ser un regalo. ¡Espera...! Ya empiezo a imaginar de qué se trata. ¿Qué condiciones son esas?

Es una agradable sensación la que pasa por mi cabeza, ahora la que empieza ha estar nerviosa y excitada a la vez soy yo, estoy apunto de cometer incesto con mi joven hermano que por edad hasta podía ser mi hijo ¡Qué feliz que soy! Al fin se hará realidad el deseo de hacer el amor con mi hermano:

-Yo soy tú regalo, Me puedes pedir que haga para ti tres cosas. ¡Piensa bien lo que pides! Sólo te dejaré hacer la cosa que desees, nada más. ¿Dime que quieres que haga?

Le he puesto condiciones cuando en realidad estoy dispuesta a que me haga todo lo que le apetezca y un poco más, soy yo la que está deseando practicar el incesto:

-¡Ay Noelia! ¡Qué mala eres! Lo primero es que me dejes hacer con tus pies lo que se me ocurra. ¿He pedido bien hermanita?
-Muy bien, veo que has captado la idea. Con ese deseo te dejaré que hagas lo que te apetezca con mis pies ¡Ya veo que es verdad! Son mis pies lo que más te gusta de mi cuerpo. ¡Espero que no sea lo único!

Me hizo sentar a su lado, con la espalda reposada en un lateral del sofá y me descalzó con esmerada delicadeza, disfrutó y disfruté de sus caricias. Su entrepierna era una verdadera montaña con un volcán en su interior a punto de hacer erupción. Sentir sus caricias a través de las medias me enervaba y me excitaba cada vez más, En la posición en la que estaba tenía la vista de mi entrepierna al completo, ya que yo no hacía nada para impedir que visualizara mis bragas, mis ya húmedas bragas. Con su buen hacer quedé debilitada, relajada y esperando su segundo deseo:

-Noelia, mi segundo deseo es que masturbes mi pene con tu boca hasta que eyacule para tragar todo mi semen. ¿Eres capaz de hacerlo?
-Lo estaba deseando Felipe.

Este joven hermano parece que lee lo que deseo en mis ojos, me ha pedido que le hiciera lo que realmente deseaba hacer. Me levanté del sofá, hice que se pusiera en pie para poder bajar sus pantalones y calzoncillos. Cuando vi su pene, su hermoso pene casi me desmayo ¡Qué bestia! Dime:

-Felipe. ¡Qué sorpresa! ¿Cuánto mide semejante bicho?
-27 centímetros de longitud por 6 centímetros de diámetro. ¿Es pequeña?
-¡Pequeña, cacho animal! Es grande... Muy grande. ¡Cuánto voy a disfrutar!

Empecé mi trabajo de masturbación bucal, con mis labios y lengua acariciaba su glande para hacerle eyacular lo antes posible, a penas podía introducir su glande en mi boca debido a la increíble medida de su pene, tuve suerte ya que en 30 segundos logré que soltara su semen en mi boca, pensé que me ahogaba ¡Qué eyaculación! ¡Qué cantidad de semen! Parecía que era la polla de un caballo en lugar de la de un hombre. Me puso la cara totalmente impregnada, él seguía convulsionando y eyaculando sin remitir el caudal durante más de 30 segundos:

-¿Felipe, has comprobado alguna ves la cantidad de semen que expulsas?
-Sí, una vez. Aproximadamente 100 mililitros. Pero la de hoy ha sido algo fuera de lo normal. Ya que hacer el incesto con una hermana aumenta la libido. La eyaculación de hoy por lo menos ha sido el doble.
-Espera, me voy al cuarto de baño, me has puesto perdida de semen, me limpio y vengo en un momento. ¡Piensa tu último deseo!

De camino al cuarto de baño iba pensando en el tercer deseo que Felipe pediría, y estaba segura que sería el practicar definitivamente el acto de incesto con su madura y experimentada hermana. Me limpié todo el semen esparcido por mi cara y volví con la toalla para limpiar todo lo esparcido por el sofá que necesitará de una limpieza en seco:

-Ya estoy aquí ¿Qué quieres que hagamos ahora?
-Noelia... Noelia... Quiero que ahora consumemos el incesto hermano hermana en su totalidad, haciendo sexo en todas las posturas que imaginemos. Pero lo quiero hacer cómodamente en la cama de tu dormitorio.
-Tu deseo, es un placer para mí. Sin lugar a dudas has sabido formular tus deseos, con ellos habrás disfrutado de tu regalo de cumpleaños al máximo ¡Has aprendido mucho, en estos tres años de mi ausencia!

Cuando llegó la hora de hacer acto sexual, tuve un poco de miedo, introducir aquel falo, por mi vagina era tarea ardua. Lo más grande que me había penetrado eran cuatro centímetros, pero seis eran demasiados. También tuve problemas para ponerle el preservativo, aunque los compré de talla grande. No le llegaba más que a la mitad del pene y con la exagerada cantidad de semen que este cacho de hombre suelta, correré el peligro de quedar embarazada:

-Lo siento Felipe. No puedo dejarte meter ese pedazo pene que tienes en mi vagina, el preservativo no será capaz de asimilar esa cantidad de semen que tú eyaculas, y corro el peligro de quedar embarazada ¡Eso no me lo puedo permitir! ¿Lo comprendes verdad? Te dejaré hacer todo lo que quieras pero no me puedes penetrar por la vagina.
-Noelia, no te preocupes, me conformo con dormir y acariciarte durante toda la noche, con eso me bastará, aunque sin duda alguna me volverá a correr, ya que estoy muy excitado.

Quedé triste por no dejarle que me penetrara, el lo entendió, y aunque hicimos el amor toda la noche el incesto entre hermanos no fue completo. Durante toda la noche se corrió doce veces, por pura curiosidad recogí todo el semen que eyaculó y en total dio para llenar una botella de tres cuartos de litro. No consumé el incesto con mi hermano en su totalidad, pero lo pasamos estupendamente y reímos hasta reventar viendo la cantidad de semen que le salía cada vez que se corría. Eran las siete de la mañana cuando completamente exhaustos nos quedamos dormidos. Para despertar lo hice con una mamada pero sin hacerle eyacular, le dije:

-Felipe, se me ha ocurrido una idea. Ya que no te puedo dejar que me penetres por la vagina, quiero que lo hagas por el ano ¿Te apetece?
-¡Me encantaría Noelia! Pero por favor, no estés preocupada por no dejarme penetrar por la vagina ¡Lo entiendo! Además lo he pasado fantásticamente contigo.
-¡Gracias Felipe eres un encanto!

No levantamos, nos aseamos y comimos un poco para reponer fuerzas. Salimos de compras a una tienda de juguetes sexuales y compramos todo lo necesario para preparar mi culo para que la penetración fuera lo menos dolorosa posible y lo más placentera para él, ya que estaba decidida a que mi hermano disfrutara introduciendo su pene en mi culo sin preservativo y así la sensación fuera de lo más placentera.

Llegamos a casa, estábamos impacientes por realizar el acto sexual anal, para ello dispuse todo lo adquirido en el cuarto de baño para preparar mi recto. Lo hice todo siguiendo un manual explicativo para dejar la mínima cantidad de heces en el interior de la cavidad rectal. Felipe estuvo ayudándome en todo momento, estaba tan excitado que su pene le estorbaba para trabajar, pero él con gusto lo hacía. Cuando ya habíamos terminado en el cuarto de baño nos desplazamos al dormitorio para empezar con la dilatación del ano, me puse en una posición en la que pudiera acceder al ano lo más fácilmente posible. Primero lubricamos con gran cantidad de gel de agua especial para introducciones anales. Dije:

-Felipe, ahora introdúceme el consolador de tres centímetro diámetro, cuando entre y salga con facilidad, lo haces con el de cuatro, luego el de cinco, seis y por último el de siete.

Así lo hicimos, durante el proceso sentía un excitante dolor pero poco a poco mi ano se fue dilatando hasta dejar al enorme consolador de 7 centímetros de diámetro entrar y salir con facilidad. Cuando estaba preparada, él se aplicó gran cantidad de lubricante en su pene y volvió a lubricar mi ano sin sacar el consolador. Al sacar el gran consolador aprovechó la gran cavidad dejada en mi dilatado ano, y sin esfuerzo alguno introdujo su enorme pene y empezó a bombear lentamente pero con fuerzas llegando hasta el fondo de mi cavidad rectal tocando mis intestinos en el bajo vientre. El placer que sentía ahogaba el dolor. Ahora me sentía satisfecha, ahora mi hermano pudo disfrutar de una penetración a su hermana. El incesto aunque no de la forma habitual se había consumado. Disfrutamos durante toda la noche, cuando eyaculaba sentía su semen caliente bañar mis entrañas era una sensación inexplicable, cuando terminaba, de mi ano salía el semen ya que yo hacia contracciones para que así pasara, el lo recogía con su boca y lo depositaba en la mía. Así quedamos dormidos hasta la hora de irse.

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Ya en la estación, y sin importarnos nada, ni nadie nos despedimos en el andén dándonos un beso que duró por lo menos un minuto, con mi lengua saboreé la suya y él lo mismo hacía. Al oído le susurré:

-¡Te ha gustado mi regalo!
-Sí, me ha encantado y lo llevo guardado en el fondo de mi corazón. ¡Eres una hermana genial! Agradezco el esfuerzo que has tenido que hacer. ¡Adiós hermana!

Espero que este sea el principio de muchos más encuentros, con mi hermano me encuentro bien, además de quererlo como hermano, me encanta como amante, es tierno y muy sensible. No descarto la posibilidad de dejarlo penetrarme por la vagina ¡No descarto la posibilidad de tener un hijo suyo! ¡Oh, qué dolor! Apenas si puedo dar un paso, y eso que llevo el ano lubricado al máximo. ¡Es igual, lo aguanto, soy feliz por haber hecho a mi hermano feliz! 
 

 

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