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Follar con una mujer madura

Libro Virtual

Título: Follar con una mujer madura

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
María.
Actores: María, Jacinto
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fetiche
Duración: 010 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mi fantasía inconfesable, es la de realizar el acto sexual con una mujer madura y mi vecina lo es. Llevo algún tiempo maquinando un plan para poder llevarla a la cama, pero no se me ocurre nada original, como no sea abarcarla descaradamente y proponerle realizar todo lo inimaginable con ella ¿Aceptará?  

Un día por esas casualidades que gasta la vida, me tropecé en el ascensor ¡Estábamos los dos solos!  

-¡Buenos días Sra. María!

-Buenos días chico ¿No tendrías que estar en el colegio?

-¡Cómo que en el colegio! Ya tengo 27 años y he acabado la carrera.

-¿Qué carrera chico?

-Ingeniería mecánica Sra. María.  

El trayecto hasta el quinto piso no dio para más, tenía que actuar rápido si no que ría perder la ocasión de proponerle que se acostara conmigo. Al salir del ascensor aproveche que iba cargada y le dije:  

-¡Déjeme, le llevaré los paquetes hasta su casa!

-Muy amable chico ¡Con estos tacones apenas puedo dar un paso más!  

El anzuelo estaba echado, ahora solamente faltaba que la mujer madura de mis fantasías aceptara la proposición.  

-Entra, deja los paquetes ahí en la cocina ¡Oh, qué cansada! ¿Quieres tomar algo chico?

-Llámeme Jacinto. Me conoce usted desde que era un bebe.

-¡Hay chico, perdona! Me hago vieja y no recuerdo infinidad de cosas ¿Puedo pedirte una cosa Jacinto?

-Lo que desee Sra. María ¡Será un placer ayudarle!

-Mira que lo que te voy a pedir es un poco inusual ¡Lo mismo te sorprende!  

Se había sentado en sofá del salón con los zapatos quitados, puso las piernas encima y se frotaba los pies uno contra el otro. Hasta ahora no me había fijado pero María mi madura vecina tenía unas piernas muy bonitas y muy bien cuidadas para sus casi sesenta años.  

-¡No se preocupe! ¿Dígame, qué es lo que desea?

-No sé como decírtelo, me da vergüenza ¡Pero lo haré! Estoy muy cansada y tengo los pies doloridos ¿Me haces el favor...?

-¡Dígame!

-Es que no me atrevo ¡No quisiera abusar de ti! Necesito que me bajes las bolsas de basura y las tires al container ¿Lo harás?  

María, mi vecina mujer madura y ya algo senil, parecía estar tomándome el pelo. Yo creía que me pediría que le diera un masaje y me sale con que le tire la basura ¡Soy un incomprendido! Nada de lo que me propongo me sale bien.  

-¡Por favor, cómo no! Por usted lo que quiera ¿Dónde están las bolsas?

Me indicó donde estaban las bolsas sin levantarse del sofá, de camino a la galería que es donde las tenía pase frente a la que parecía ser su habitación ¡Sorpresa! Sobre la mesita de noche tenía un arsenal de consoladores de todos los tamaños. Sin duda alguna esa madura mujer estaba necesitada de una buena polla como la mía ¿Qué puedo hacer, si lo que quiere es que le tire la basura? Desde el salón escucho:  

-¿Jacinto, las has encontrado?

-Sí, Sra. María ¡Ahora mismo las bajo!

-Vale cuando las hayas tirado vuelve que te daré una propina por ser tan educado y amable ayudando a una vieja mujer. No cierres la puerta, no tengo ganas de levantarme.  

Mientras regresaba subiendo en el ascensor me pasaron por la cabeza infinidad de formas de ser pagado por mi trabajo. Una de ellas sería la de dejarme que le lamiera su maduro coño ¡Qué delicia! Nada más de pensarlo, mi pene ha tomado un gran tamaño ¡No puedo aparecer así! Pensaré en otra cosa antes de entrar ¡Qué apuro!  Entré y me dirigí a la sala de estar, María seguía en la misma posición en la que la dejé pero con la diferencia de que estaba dormida ¿Ahora que hago? En ese momento se acurrucó dejando sus muslos un poco al descubierto ¡La imagen era sensacional! Sus muslos al alcance de mis manos ¡Y ella dormida! En un arrebato de locura me acerqué y le levanté el vestido dejando todo su bonito culo al descubierto ¡Qué agradable sorpresa! No llevaba las bragas puestas. En esa posición aunque tenía las nalgas juntas alcanzaba a ver un poco de su vulva por su parte trasera ¡Qué erección! Si ahora se despierta y se ve con la falda levantada se puede enfadar y denunciarme. Nervioso le bajé la falda hasta su posición inicial y deje que mi erecto pene disminuyera en su tamaño y la llamé:  

-Señora María, señora ¿Está usted dormida? He venido para recoger la propina.

-Ya te la he dado ¿Quieres más?  

María la vecina madura estaba resultando ser más lanzada que algunas de las amigas jóvenes que tengo. La posición que tenía y la falta de bragas eran para que yo la disfrutara. Le seguí el juego:  

-Sí, la he visto, pero no me he atrevido a cogerla ¡Soy muy tímido!

-Gracias te puedes ir, déjame dormir. Vuelve esta noche sobre las diez, tendré algo más de propina.  

Me marché a casa y me puse a ordenar unos papeles que tenía en mi despacho, como era viernes no tenía mucho trabajo ya que es unos de los días más tranquilos. Mi madre me preguntó por que había tardado tanto en venir. Le dije que me había encontrado con unos amigos y que por la noche saldría con ellos. Si todo salía como esperaba la noche del viernes y madrugada del sábado las pasaría con María mi madura y hermosa vecina, esta vez no sería tímido ni me cortaría, iría al grano. La noche como no podía ser de otra manera llegó ¡Siempre llegan! Salí de mi casa y cogí el ascensor por si mi madre me estaba vigilando, bajé y volví a subir por la escalera para no ser visto, llamé a la puerta de María:  

-¿Quién es?

-Soy Jacinto, vengo a recoger la propina que me prometió.

-¿De qué propina hablas?

-¿No se acuerda? La propina por haberle bajado esta mañana las bolsas de basura.

-Lo siento, no me acuerdo ¡No sé de qué me hablas!  

Sin decir nada más y cortado como nunca lo había estado bajé de nuevo por las escaleras y volví a subir en el ascensor hasta el rellano de mi piso. Dije a mi madre que habíamos aplazado la salida ya que uno de mis amigos se encontraba mal. Me puse a estudiar un poco las materias que más necesitaba reforzar de mi carrera, suena el timbre:  

-¡Buenas noche María! ¿Qué es lo que deseas a estas horas?

-Tengo mucho miedo, hace un instante ha venido un chico y ha llamado a mi puerta diciendo que venía a recoger una propina por haberme bajado esta mañana la basura ¡Estoy intranquila! ¿Puedo quedarme un rato aquí?

-¡Claro pasa!  

Desde mi cuarto las escuché hablar, yo no tenía ni idea, pero la madura vecina María estaba la pobre más que ida ¡Sin dudas tiene principios de alzheimer! Pobre mujer, y yo pensando que me había tirado los tejos y que esta noche recibiría mi propina. Mi madre se acerca:  

-Jacinto, quiero que hagas una cosa, acompaña a la Sra. María a su casa y quédate hasta que se duerma. Dice que un chico ha llamado a su puerta y tiene miedo ¡Lo harás!

-Mamá, es una vieja.

-Por eso que es una vieja, hay que tratarla con amabilidad ¡No está bien de la cabeza!  

No sabía, no podía decirle nada a mi madre de lo sucedido, salí hasta el salón, las piernas me temblaban ya que no sabía como reaccionaría María al verme:  

-Hola chico ¿Eres Jacinto? Que grande estás.

-Sí, Sra. María he crecido, ya tengo 27 años. Vivo con mi madre pero ya soy todo un hombre.  

¡Todo un hombre! Soy un payaso (con perdón de los payasos) que no hace más que meterse en líos por querer follar con una mujer madura cuando lo puedo hacer con una de mi edad ¡Ocasiones no me faltan! Ahora como castigo tendré que pasar la noche con una mujer que no se acuerda ni cómo se llama.  

-Vamos Sra. María, le acompaño a su casa, estaré con usted hasta que se le pase el miedo ¡Veremos la televisión juntos!  

María para estar mal de la cabeza, no parecía estar dejada en cuanto a su cuidado personal, olía realmente bien, parecía que estaba recién bañada con ese olor fresco que deja el jabón al salir del baño. Nos sentamos en el sofá frente al televisor para ver una película de ciencia ficción que daban en la televisión pública. Me había sentado en el lado opuesto del que ocupaba María, pero no habían pasado cinco minutos cuando ella se acercó y se colocó junto a mí rozando su cuerpo con el mío. He de decir que con lo caliente que estaba mi excitación fue de las que hacen época, para distender un poco la situación pregunté:  

-¿Le gusta la película Sra. María?

-¡No está mal! Tengo un poco de frío abrázame.  

Si mi madura vecina hubiera sido una persona en sus cabales, no hubiera dudado ni un solo momento en abrazarla y acariciarlas hasta hacerla gritar de placer ¡Pero! Cómo aprovecharse de una mujer que no sabe lo que quiere.  

-¿Dónde hay una manta? Iré por ella y la taparé para que entre en calor.

-No quiero manta, quiero que me des calor abrazándome Ernesto.

-Señora, no soy Ernesto ¡Soy Jacinto el vecino!  

Lo que me faltaba ya para acabar la noche, con todos los triunfos en mi mano es que María me confundiera con Ernesto, le daré conversación para ver si se la pesa:  

-¿Quién es Ernesto?

-¡Déjate de coñas! ¿Quién va ha ser Ernesto? Tú, mi marido.  

No sabía donde meterme, ella se acurrucaba y solicitaba ser abrazada por el que ella creía que era su marido ¡Y si aprovecho la ocasión! Doy rienda suelta a los acontecimientos y cumplo así mi fantasía de follar con una mujer madura ¿Qué puede pasar? La abracé y la acaricié todo lo que me pidió, una de sus manos cogió una de la mías y se la llevó a su entrepierna para que la acariciara ¡Qué delicia! Yo no podía aguantar más y me corrí poniendo mis calzoncillos y pantalón impregnado de semen ¡Qué situación más embarazosa! Si entra mi madre ahora y me ve así ¿Qué pensará? Sin dar tiempo a nada, llevó su mano hasta mi paquete:  

-¿Qué has hecho Ernesto, te has corrido?  

Sin dejarme tiempo a decir nada, desabrocho la cremallera del pantalón sacando mi erecto pene al exterior, aún goteaba semen, lo tomó en sus manos y arrodillándose ante mí, se lo introdujo en su boca haciéndome una mamada como nunca me la habían hecho. No tardé nada en volverme a correr, ella se tragó sin pestañear todo el resultado de mi eyaculación ¡Eso le gustaba! Siguió chupando y sorbiendo hasta que de nuevo volví a eyacular ¡Era insaciable! Era una sensación de placer continua pero ya inaguantable, la aparaté amablemente y le dije:  

-Señora María, por favor se lo pido ¡Descansemos un momento!

-¡Vale! ¿Pero por qué me llamas señora María? Soy tu esposa Ernesto.

-Son manías mías ¡No te preocupes!  

La situación era muy excitante pero yo estaba realmente asustado. Si vuelve en sí ¿Cómo puede reaccionar al ver mi polla en su boca? Si asustada le da por meterme un bocado, me la arrancará de cuajo ¿Y si dice que la he violado? La verdad es que estoy metido en un buen embrollo.  

-Vamos a la cama seguiremos allí Ernesto ¡Estoy muy caliente!

-¡No cariño! Estoy muy cansado y quiero ver la película.

-Ya estamos como siempre ¡Para una vez que estás en casa! Claro, no me deseas porque en tus viajes debes de tener todas la mujeres que quieres ¡Eres un degenerado!

-No grites cariño, los vecinos se enterarán de lo que hablamos.

-Sabes que no me gusta que me llames cariño.

-¡Vale! ¿Cómo quieres que te llame?

-¿No te acuerdas de cómo me guata que me llames? Eres un desgraciado ¡Vete no te quiero volver a ver por mi casa!  

Con las piernas temblando me introduje como pude mi pene en el interior de los pantalones y tomé dirección a la puerta de salida. Cuando siento la voz de María:  

-Jacinto ¿Dónde vas? Ven a consolarme, mi marido me ha dejado y se ha marchado con otra ¡Qué desgraciada que soy!  

Ahora, además de tener miedo, estaba totalmente despistado, esa hermosa madura vecina estaba peor de lo que en un principio había imaginado. Tenía que salir de aquella situación fuera como fuera ¿Qué podía hacer? Si me quedo, puede pasar cualquier cosa y si me marcho pude decir cualquier cosa ¿Qué hago?  

-María, iba a mi casa por el ordenador portátil, así mientras le acompaño voy trabajando en cosas que tengo pendiente.

-Nada de ordenador ¡Tú quédate aquí! Le voy a poner los cuernos a mi marido contigo.

-María ¿No se da cuenta? Yo soy muy joven ¡No la podré satisfacer!

-¡Sí lo harás! Iremos a mi dormitorio y me follarás hasta que no puedas más ¡Hazlo por mí, te lo agradeceré!

-María yo lo haría, pero tengo miedo de que luego digas que te he violado o algo por el estilo ¡No estás bien!  

Se puso a llorar y a gritar llamando a su marido Ernesto. Eran tantos los gritos que acudió mi madre, le abrí la puerta:  

-¿Qué es lo que pasa?

-Se ha puesto a gritar como una posesa, hasta me ha tirado el refresco encima del pantalón.  

Mi madre me miró el paquete y vio la gran mancha que llevaba, sabía lo que era pero no dijo nada, se dirigió a María:

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-¿María qué te pasa? ¡No grites cálmate!  

Nuca me di cuenta pero ahora observo que mi madre es capaz de calmar a María en cuestión de segundos. Le contesta:  

-El cerdo de mi marido, ha estado aquí y le he pedido que me haga el amor y no ha querido. Me ha dicho que estaba cansado.

-¡Cálmate María! Sabes que tu marido lleva muerto 30 años. Aquí el único que estaba era mi hijo haciéndote compañía ¡Venga, te llevo a la cama! Mi hijo se quedará toda la noche para cuidarte.

-¡De eso nada mamá!  

Esas fueron las últimas y únicas palabras que dije. Salí de esa casa como si hubiera visto al fantasma de Ernesto que me perseguía. Desde ese día cuando veo una mujer madura giro la cara para otro lado ¡Les tengo pánico!

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