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Coito tántrico

Libro Virtual

Título: Coito tántrico

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Esposa.
Actores: Esposa, Narrador
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fantasía (Costumbres)
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

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Llevo días intrigado por la persistencia de mi mujer, quiere que realicemos el coito tántrico, dice que una compañera de trabajo le ha dicho que una amiga, que conoce a una compañera de trabajo que tiene un marido que lo practica y que es muy feliz. Le contesté que me parece muy bien, que estoy dispuesto a hacerlo, pero quería que ella supieras que según dicen las malas lenguas el coito tántrico en una filosofía, casi una religión y ni ella sabe mucho de eso y yo no estoy dispuesto a aprender a estas alturas.  

Me he informado del tema y la verdad es que no estoy muy seguro de que para echar un polvo tenga estar un mínimo de dos horas acariciando a la parienta. Eso suena muy bien, pero debe ser una cosa harto difícil y solamente al alcance de personas que sientan esa religión en sus carnes, ¡no es mi caso!  

Llegó el viernes, que era el día en el que habíamos quedado practicar el coito tántrico, lo intenté con todas mis fuerzas, pero cuando llevábamos 40 minutos de caricias y susurros. Fue ella la que me pidió por favor que actuara como siempre lo habíamos hecho, que no soportaba la lentitud de las prácticas tántricas.  

Yo no presumo de nada, pues de nada se ha de presumir en esta vida ya que todos tienen algo que enseñar. Creo, estoy seguro de que hay muchas parejas que disfrutan del coito tántrico, pero nosotros no somos una de esas. Llevo casado con mi mujer desde hace 25 años, en los que siempre la he satisfecho sexualmente, al igual que ella lo ha hecho conmigo, siempre hemos tratado de probar cosas diferentes, pero lo del coito tántrico nos ha dejado fríos, ¡debe ser genial, pero dejémoslo ahí!  

Con todo el cariño del que soy capaz de dar, dejé de meterle el pene dos centímetros y medio en el interior de la vagina durante un minuto, sacarlo y descansarlo en el prepucio del clítoris. Me limité a hacer lo que sé hacer. Tumbada el la cama mirando al techo como si quisiera encontrar algo en él, miraba fijamente mientras le daba un masaje por la zona ventral, costal y púbica, todo esto sin llegar a tocar el clítoris o la vagina.

 En ese momento empezó con sus jadeos habituales, demostrando que le gustaban mis caricias, no era un masaje tántrico pero era un masaje que yo sabía hacer y que se lo daba con suavidad y no poca ternura. Supongo que en esos instantes no estaría pensando en la amiga de la compañera de que tiene una compañera a la que su marido tántrico la hace muy feliz, y que estaba disfrutando del roce de mis manos en esa zona de su cuerpo, zona que es la más erógena que siempre ha tenido. Siempre me había dicho que sentir el tacto de mis manos por su vientre y costado la hacía derretirse de excitación, y creo que no fingía, porque en cuanto le doy un masaje en esa zona, de su vagina salen verdaderos efluvios de mucosa vaginal.  

Durante una hora la había estado acariciando y masajeando para que sintiera el máximo placer, si la hubiera penetrado y eyaculado, para la filosofía del coito tántrico hubiera sido una eyaculación precoz. Por ese motivo quise seguir haciéndola disfrutar. 

Hice que se colocara en la cama con el culo en pompa y desde esa postura tenía una visión inmejorable de su vulva, en especial tenía a mi alcance el orificio de entrada a su vagina que palpitaba de la excitación que sentía. La penetré lenta, muy lentamente hasta que la punta del glande rozó su útero, imitando un poco al coito tántrico, lo dejé introducido unos treinta segundos haciendo contracciones para hinchar y deshinchar en lo posible el pene. Ella gemía, y yo estaba a punto de correrme, lentamente lo saqué y respiré profundo para intentar contener la eyaculación, ¡eureka, lo conseguí! Como no podía, ni debía dejarla bajar la intensidad de su excitación, en la misma posición en la que estaba, mi boca ávida de sus jugos empezó con la grata tarea de lamer, acariciar sus labios vaginales, clítoris y vagina, cuanto más lamía, más gemía, y al tiempo dejaba salir pequeñas cantidades de su rico caldo a 37 grados centígrados de temperatura. No llegaba al orgasmo, tampoco lo pretendía, quería y lo estaba consiguiendo que durante el tiempo que duráramos haciendo el amor estuviera casi en estado de éxtasis.  

Con las caricias de mi lengua en la vulva de mi mujer pude lograr que mi excitación decreciera lo suficiente como para no explotar y derrochar mi semen, hice que mi pareja se pusiera nuevamente mirando hacia el techo, así lo hizo, fijándome en sus pezones vi que los tenía erectos, me dediqué a acariciar, y masajear sus pechos añadiendo aceite de rosas a mis manos, mis caricias eran para ella un delicioso tacto, ya que cerrando los ojos, sollozaba hasta el punto de soltar lágrimas. 

Dejé sus pechos y me dirigí a sus labios carnosos y humedecidos constantemente por su lengua. Siempre lo habíamos hecho, pero en esa ocasión creo que nos gustó más si cabe, mi lengua acariciaba la suya trasmitiéndome el placer de saborear su saliva, ¡su vida y la mía estaban unidas!  

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Seguí acariciando todas y cada uno de los 600.000 puntos sensibles de su cuerpo, y al igual que en el coito tántrico disfrutaba de ello. Aunque aquello no era una competición, miré hacia el reloj y me di cuenta de que llevábamos 3 horas disfrutando de penetraciones en diferentes posturas, deleitándonos de nuestras caricias y que todavía no había llegado al orgasmo, ni que yo había eyaculado. 

¿Era aquello un coito tántrico? No, yo no lo creía, pero si creía que mi mujer me había tenido encendido durante tres horas al igual que lo hice yo con ella. Terminé eyaculando en su interior, lo hice en el momento en el que deseé, ella llegó al orgasmo, pero eso ya no importaba, habíamos estado disfrutando durante tres horas, ¡fue fantástico!

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