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Besos en los labios vaginales... La tía Marcia

Libro Virtual

Título: La tía Marcia 

- Besos en los labios vaginales

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Marcia.
Actores: Marcia, Marco
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

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Me alucina ir de viaje al pueblo donde nació mi madre, allí vive mi tía Marcia. Una mujer encantadora con una piel blanca y suave que mide aproximadamente 170 centímetros de altura y debe pesar unos 60 kilos. Digamos que es una mujer hermosa, en la actualidad no es muy joven, pero se conserva en muy buen estado para sus 60 años de edad.

Desde que me acuerdo, siempre he pasado los veranos en la casa de mis abuelos maternos, ahora la casa de mi tía. Cuando contaba con diez años, la tía Marcia ya tenía 30, treinta espléndidos años que a mí me atraían sobremanera, no perdía la ocasión de espiarla, aunque nunca pasé de verle mas allá de los muslos de sus bonitas y largas piernas, eso me bastaba para tener pensamientos eróticos, aunque en aquellos tiempos no sabía ni que existía semejante palabra. El caso es que todos y cada uno de los veranos que he pasado en esa casa ha sido un verdadero placer.

Hoy en día, a punto de cumplir 40 años fui invitado por mi tía a pasar unos días en su casa, invitación que acepté ya que estaba bajo de moral. Estaba pasando una época muy melancólica debido a mi reciente divorcio, y esa invitación me serviría para olvidar a la que hasta ahora había sido mi compañera.

Emprendí el viaje rumbo al pueblo, era un puente largo que duraba 5 días, días que dedicaría al descanso y la reflexión. Las cinco de la tarde, llego a casa de la tía Marcia, toco al timbre y espero unos segundos, no abre la puerta ¡Qué raro! Le dije que llegaría entre las 5 y las 6 de la tarde, Vuelvo a tocar el timbre y como no sale nadie para abrir, pongo la oreja sobre la puerta para escuchar los sonidos del interior, se percibe música, pero no tan alta como para que Marcia, su marido o su hija no me escuchen ¿Qué pasa? Seguramente habrán salido para hacer algunas compras y se han olvidado la música puesta. Tocaré una última vez, y si no sale nadie me iré a la cafetería de la esquina y me tomaré un café... ring, ring... se oye alguien tras la puerta:

-Hola tía Marcia ¿Cómo estás?
-Muy bien, acabada de salir de la ducha. No te esperaba tan temprano y he aprovechado para refrescarme un poco.

Ahora entendía la tardanza para abrir la puerta, lo que no entendía es como que ni su marido, ni su hija estaban en casa, ya que yo venía de viaje. Era una cosa muy rara ya que tanto su marido Luís (mi tío político) y mi prima Elena son dos personas que siempre se alegran mucho de verme, le pregunto:

-¿Dónde están Luís y Elena? Tengo ganas de verlos para darles un abrazo.
-Están de viaje Marco. Ya sabes que trabajan en la misma empresa y han tenido que ir a la central de California. Por lo tanto tenemos la casa para nosotros solos.

Elena, mi prima es una mujer de 29 años que ya es ejecutiva en la empresa multinacional en la que trabaja con su padre en el mismo departamento. Suelen viajar mucho y por lo tanto mi tía Marcia queda desde hace algunos años sola en muchas ocasiones:

-¿Cuándo volverán?
-Creo que estarán fuera 15 días. Pasa y siéntate, ¿Estarás cansado del viaje?
-Sí, un poco fatigado si que estoy, la carretera me puede.

Pasamos al salón y me senté en el sofá, ella se sentó justo a mi lado. Nunca hasta ese momento me había fijado en mi tía como mujer. Era la hermana de mi madre y eso era sagrado para mí, le tenía un gran respeto, aunque de pequeño como ya he contado me gustaba espiarla. Cuando se sentó, no pude evitarlo, mis ojos se clavaron en sus piernas, concretamente en sus ingles que pude verle debido a la apertura de la bata de baño que llevaba puesta, ella se percató, recogió la bata tapándose y comentó:

-¿Quieres ducharte y ponerte cómodo?
-Sí, me apetece mucho una ducha para relajarme ¿No te importa?
-Al contrario Marco, aprovecharé para vestirme, debajo de la bata no llevo nada puesto.

Cuando me dirigía hacia el cuarto de baño me percaté de que mi tía no actuaba tan recatadamente como tiempo atrás ¡Algo sucede! ¿Qué será? Daré tiempo al tiempo, de momento me ducharé sin pensar en nada ni en nadie ¡Para qué! Aunque estaba excitado por la mínima visión de la entrepierna de mi tía, me pude controlar, abrí el grifo del agua fría, el agua se encargó de enfriar mis pensamientos...

Una vez terminada mi sesión de ducha relajante, volví a la sala de estar, allí mi tía esperaba leyendo lo que parecía ser una revista del corazón (prensa rosa), se dirige a mí diciendo:

-Marcos ¿Te apetece salir a cenar a un restaurante?
-Sí tía, lo que tu desees. Tú mandas, estás en tu casa.
-¡Vale, ponte guapo!

Siguiendo los deseos de mi tía Marcia fui a mi habitación y me puse la ropa mejor que traía para pasar los cinco días, me afeité y me perfumé para la ocasión y en quince minutos terminé y me fui a sentar en el salón a esperar a mi tía. La espera fue como es natural larga, ya que las mujeres ¡Algunas mujeres! Necesitan muchísimo más tiempo para acicalarse. Pero les aseguro que la espera mereció la pena ¡Qué mujer! De natural es guapa, pero ataviada ¡Es bellísima! ¿Es amor de sobrino? No, sí, la verdad es que es una hermosísima mujer, le digo:

-Marcia ¡Estás guapísima!
-¡No seas adulador! Soy una vieja, resultona, pero vieja.
-¡Vieja! Ya quisieran muchas jóvenes lucir tu cuerpo.
-Que amable eres Marco ¿Te gusta el vestido que me he puesto?

Era un vestido rojo de gasa con vuelos sujetado por dos tiras finas cruzadas por los pechos ¡Qué escote! Sus pequeños pero turgentes senos lucían provocadores sujetados por el sostén de encajes del mismo color, las espalda al aire casi hasta el talle. Era un vestido de noche realmente espectacular, al que acompañaba unos zapatos de tacón de aguja que hacían que sus piernas parecieran interminables ¡Con viejas como esta! Me sobran las jóvenes, le contesto:

-No sólo me gusta, me excita ¡Qué rabia que seas mi tía!
-No te preocupes, Durante todo el día de hoy no serás mi sobrino, serás mi marido ¿Qué te parece la idea?
-Me parece muy buena idea ¿Pero marido con todas las consecuencias?
-Con todas Marco, con todas.

Marcia, mi tía estaba cachonda o estaba aburrida por el abandono constante de su marido y veía en mí una pareja de una noche. Era mucho el respeto que le procesaba, pero también era mucho el aprecio que le tenía como para dejar a una hembra como mi tía abandonada a su suerte, así que decidí seguirle la broma:

-Marcia, me apetece darte un beso ¿Me dejas?
-Sí, ¿Dónde quieres dármelo?

Parecía leer mi mente, sabía o intuía que no era en la boca el lugar donde yo quería dar mi primer beso, durante unos segundos dudé si decirle el lugar donde deseaba poner mis labios, me armé de valor y le dije:

-Marcia, quiero besarte... quiero besarte...

En el último momento no tuve valor para decirle que deseaba besar su vagina y de mis labios salió una tenue voz diciendo:

-Marcia, quiero besar tus labios.
-Adelante Marcos ¡No te cortes! Recuerda que eres mi marido.

Como yo seguía más cortado que un café con leche, Marcia cogió la iniciativa, se levantó la falda dejando su minúscula braguita de seda color rojo al aire:

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-¿Qué hace Marcia? Le dije haciéndome el ingenuo.
-¿Cómo que hago? Te ofrezco mi vulva para que beses mis labios. ¿A caso no son estos los labios que deseas besar?
Desde esa alternativa no dudé ni un solo instante el disfrutar de mi tía Marcia e intentar olvidar a la desaprensiva de mi ex esposa. Sin temblarme las manos bajé sus braguitas que dejaron al descubierto blanca y depilada vagina, con unos labios hermosos y carnosos que no tenían nada que envidiar a los de su boca. Los bese y los lamí a conciencia, disfruté tanto al hacerlo, que debido a la abstinencia de sexo que arrastraba me corrí sin ni siquiera sacar mi pene de su lugar de pernocta ¡Qué corrida! A partir de ese momento no dejamos de hacer todo lo imaginable, el incesto con mi tía es totalmente consentido y desde ese día somos muy felices. Ni su marido ni su hija (mi prima) saben nada. Pero no tardarán en averiguarlo pues hemos decidido irnos a vivir juntos.
 

 

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