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No
sé cómo explicarlo, quiero que se entienda para no ser
calificada como una mujer sin vergüenza o carente de escrúpulos...
Hace mucho tiempo atrás, cuando contaba con la edad de 30 años
conocí a un chico muy, pero que muy joven... tenía una edad
que no comentaré para no escandalizar, el caso es que ese chico
era muy avispado para su edad. Este diablo, era el hijo de la
vecina de la casa contigua a mi vivienda. En los pueblos por
aquel entonces no acostumbrábamos a cerrar la puerta de entrada
y aún menos en tiempo de verano, solamente teníamos por
costumbre reservar nuestra intimidad por medio de una cortina,
así podía pasar el aire y no las miradas de curiosos. Pero
este chico se colaba en mi casa como si fuera la suya, a mí no
me molestaba en absoluto. Aquí empieza la historia:
-¡Qué
susto me has dado! ¿Quién demonios eres? –Le pregunté desde
la cocina sobresaltada con el corazón palpitando-
-Soy
David, el hijo de Doña Engracia. –Dijo semejante espécimen
de la raza humana-
Desde
ese preciso instante empezamos una amistad un poco extraña dada
la diferencia de edad que había entre nosotros. Nos hicimos muy
buenos amigos, si se podía llamar de esa forma. En el momento
que me vio, llevaba puesta una fina bata de hacer la faena en
casa y no llevaba ropa interior, que todo sea dicho es como
acostumbraba a ir por aquel entonces... Antes de que yo pudiera
reaccionar a su contestación va el renacuajo y dice:
-Mi
madre tiene los pelos del chocho de color rubio, ¿cómo los
tienes tú?
-Eres
un marrano, llamaré a tu madre y le diré que no tienes ni una
pizca de vergüenza, ¡esas cosas no se preguntan a una mujer!
Aunque
le regañé, en el fondo de mí, me gustó la pregunta por lo
descarada y no reí a carcajadas para que el chaval no pensara
que lo que acababa de decir estaba bien... Por otra parte el
angelito ni siquiera se inmutó por mi reprimenda con cara de
sargento, ¡al contrario! Miró fijamente con sus ojos marrones
a mi entrepierna y como si pudiera ver tras la tela de la bata
apuntó:
-No
hace falta que me lo digas, cuando te estabas poniendo la bata
te he visto completamente desnuda y he podido ver que los tenías
ensortijados y de color negro. También te he visto como te
acariciabas la almeja y ponías cara de felicidad.
-¡Qué
sabrás tú de felicidad! vete ahora mismo a tu casa si no
quieres que te arranque las orejas.
Era
un desvergonzado, pero repito, me gustó semejante vocabulario
para su corta edad, me encantó su desparpajo y más su mirada
penetrante. Mi marido estaba a punto de llegar del trabajo y no
podía seguir charlando con semejante pillo. Volví a decirle
que se marchara y en esa ocasión hizo caso y se esfumó de la
casa como alma perseguida por el diablo... Yo estaba en mi casa
y no tenía que cambiar mis hábitos de vida porque un pequeño
monstruo de baja estatura entrara sin previo aviso.
-Lola
ya he llegado, ¿está la comida preparada? –Dijo mi marido
como siempre al llegar a casa-
Mi
esposo en esa época ya contaba con 60 años, era un buen hombre
que aunque me trataba bien, estaba más por la continua evolución
de la huerta y del ganado que por mi persona, nuestro contacto
sexual se limitaba a un polvo al mes si lo había, él no daba más
de sí. Hacía un año que estaba casada y empezaba a volverme
loca. En su descargo diré que cuando decidimos casarnos me
advirtió de que no le gustaba mucho practicar el sexo, -me daba
igual le dije- nada más lejos de la realidad, pero o me casaba
con él, o emigraba a la ciudad para buscar trabajo ya que la
cosa no estaba como para florituras. El caso es que casándome,
aseguraba mi porvenir, por no decir con la herencia que en un
futuro me dejaría... fui egoísta, pero él sabía que me
casaba por su posición, ¡nadie engañó a nadie! Todos
aquellos acontecimientos me llevaron hacer lo que trato de
contar...
-Lola
me marcho, hoy voy un poco justo de tiempo y vienen las
segadoras para recoger el trigo y la cebada, ¡no me esperes
despierta, llegaré tarde!
Esa
era mi vida en aquellos días, por eso David era una chispa, una
llama que se encendía en mi existencia... las visitas de
aquella criatura que hablaba como si de un adulto se tratara me
empezó a dar la posibilidad de vivir algunas de mis fantasías
más íntimas. Un día tras la marcha de mi marido a sus
quehaceres diarios, David después de salir de la escuela llegó
corriendo a su casa, dejó la cartera y sin esperarlo como
siempre hacía entró por la puerta:
-Hola
Lola, ¡tengo que contarte algo! –Dijo un poco exaltado-
-Relájate
y cuéntamelo. –Le hablé con voz pausada-
Aquello
que con tanta urgencia me quería contar no era otra cosa que en
el colegio los chicos mayores le habían enseñado una revista
en la que habían mujeres con el chocho totalmente afeitados.
Después de unas semanas de hablar con aquel monstruo de la
naturaleza, ¡nada me sorprendía! Pero aquello me excitó, ya
que era una cosa que siempre había deseado. De echo en muchas
ocasiones estuve apunto de afeitarme, pero no me atrevía porqué
mi marido no lo entendería. Una vez me lo había contado, con
aquellos ojazos mirando a mis ojos me suelta:
-¿Lola
por qué no haces con tu chocho lo mismo que esas chicas? Así
son más bonitos que con tantos pelos por todas partes.
-David,
eres un marrano, ahora mismo se lo voy a decir a tu madre, ¡esto
no puede seguir así! Márchate ahora mismo, no quiero volverte
a ver.
Semejante
engendro se marchó corriendo a su casa, en cuanto salió, solté
una sonora carcajada, ¡tenía mucha gracia el jodido! Durante
el resto de la tarde hasta
la hora de la llegada de Florencio estuve pensando en la
posibilidad de decirle que me quería afeitar el coño, me armé
de valor y se lo dije sin rodeos:
-¿Florencio,
te ha gustado la comida?
-Sí
Lola, estaba muy buena, ¡eres una excelente cocinera!
-Gracias
Florencio, tengo que decirte una cosa.
-¡Dímela,
soy todo oídos!
-No
te enfades si no te gusta lo que oyes, ¡haya voy! Quiero
afeitarme el coño, ¿qué te parece? –Le dije sin anestesia
ni nada por el estilo, durante unos segundos calló, luego sonrió-
-Lola,
no soy tu dueño, puedes hacer con tu cuerpo lo que más te
guste hacer.
Florencio
me sorprendió muy agradablemente, parecía que era un ogro pero
me había equivocado... Estaba deseando que llegara el día
siguiente para cuando Florencio estuviera fuera de casa llevar a
cabo mi tarea, maquiné un plan, en ese preciso instante de mi
historia empecé a caminar por caminos tortuosos de arenas
movedizas... La mañana llegó y con ella mis deseos de
depilarme por completo mi ansioso conejo, Florencio se marchó a
sus quehaceres diarios y yo me quedé como siempre sola en
aquella gran casa.
-¡Joder
David, qué susto me acabas de dar! ¿Qué haces que no estás
en la escuela?
-¿Lola,
Eres tonta o qué? Hoy es sábado y no hay escuela, ¿qué
hacemos hoy?
-¡Tú
y yo nada! Márchate que tengo mucho trabajo que hacer y me
molestas, ve con tu madre que es quien te tiene que aguantar.
-Mi
madre no está, se ha marchado a la ciudad con mi padre y no
volverán hasta la noche.
-¿No
me digas que te han dejado solo?
-Solo
no, estás tú para cuidarme. –Dijo con desparpajo-
-¡Vale!
Pero te tienes que portar bien, de lo contrario te irás a tu
casa.
Aquel
proyecto de hombre me miraba con deseo, estaba como embobado
recorriendo con su mirada mi cuerpo... Estaba decidida, cerré
la puerta de la casa no fuera que alguien con la misma caradura
de David entrara y me pillara haciendo lo que me disponía
hacer.
-¿Qué
trabajo es el que tienes que hacer? ¿Por qué has cerrado la
puerta? –Preguntó con curiosidad-
-Deja
ya de preguntar y observa.
Estaba
nerviosa y las piernas me temblaban, mas no lo pensé más y
decidida fui al cuarto de baño, David como si fuera mi sombra
me seguía mirando el contoneo de mis caderas cubiertas por mi
fina bata, bata que me quité al llegar, David por unos
instantes se quedó boquiabierto luego dijo:
-¡Joder,
qué cuerpo que tienes Lola!
-Joder,
joder... la palabra hace más bulto que tú, ¿acaso sabes lo
que significa joder?
-Siéntate
Lola que te lo explico.
Sin
dejarme tiempo a respirar, allí en el cuarto de baño desnuda
como mi madre me trajo al mundo, delante de aquel ser especial
empezó con su verborrea... Una de las acepciones de la palabra
joder es utilizada como verbo transitivo para provocar fastidio,
molestia etc. También es una interjección que se utiliza para
expresar enfado, irritación, asombro, etc. ¡se me olvidaba!
Asimismo es un verbo intransitivo y malsonante que se utiliza
para denominar la práctica del coito, ¡vamos, follar! Terminó
diciendo:
-¿Quieres
que siga Lola?
¡Hay
que joderse con el empollón! No, no sigas, ya tengo bastante de
gramática por hoy. Ahora vamos a lo que vamos.
Le
clavé una mirada penetrante y él sin inmutarse sonrió, sin
apartar la vista de mi pelambrera que abarcaba pubis, vulva,
ingles y ano, aquello parecía una selva salvaje y poco
explorada. Hice que David se sentara cómodamente en un taburete
y me introduje en la bañera para llevar acabo la tarea del
rasurado... toda mi zona genital enjabonada y dispuesta a ser
invadida por un artilugio con cuchillas cortantes, poco a poco
fue desapareciendo el vello que tantos años había convivido
junto a mí, David no quitaba ojo, después de media hora estaba
casi totalmente afeitada, menos la zona anal a la cual no
alcanzaba.
-¿David,
te gusta como estoy quedando?
-Si,
tienes un chocho muy bonito.
-Gracias,
eres un chico muy amable. Tienes que hacerme un favor, ves esta
zona, no puedo afeitármela, ¿serías tú capaz de hacerlo?
No
hizo falta que se lo dijera dos veces, como si fuera un resorte
dio un salto desde el taburete hasta donde yo estaba. Me puse
fuera de la bañera y me puse una posición en la cual podía
ver la totalidad de mi vagina y el ano, con las manos aparté
mis cachetes para que pudiera acceder sin problemas a todos mis
vellos. Parecía que lo había hecho toda la vida, en cuestión
de minutos estaba totalmente depilada y con motivo de ser tocada
por las manos de una persona que no era mi marido la excitación
de mi coño llegó al máximo, sin poderlo evitar tuve diversos
espasmos y grité.
-¡Lola,
has tenido un orgasmo, te has venido del gusto!
-¿También
sabes lo que es correrse?
-Sí,
he visto muchas veces a mi madre cuando lo hace con mi padre, se
lo que es correrse y sé lo que es un orgasmo, lo que no he
podido todavía experimentar es una eyaculación, ¿quieres
masturbarme?
Me
quedé pasmada de las cosas que ese mocoso me estaba diciendo,
por un momento creí que estaba poseído por una persona mayor.
Con mi coño más que excitado por los roces de David y la
sensación que tenía por el afeitado no dejaba de excretar
mucosas vaginales. Como David ya me había visto desnuda, y
también manoseado mi coño al afeitarme, decidí masturbarlo
como él deseaba, ¡estaba hundida en el barro, ya no podía
salir!
-Lo
haré, pero esto que está sucediendo no se lo puedes contar a
nadie, si lo hicieras me metería en un lío.
-No
te preocupes Lola, no lo contaré a nadie. Quiero que sepas que
tú no me estás obligando hacer nada que yo no desee, si
alguien está cometiendo un delito ese soy yo.
Nuevamente
por mi cabeza paso la idea de que aquel ser no era lo que parecía
ser. Miré hacia la bragueta de su pantalón, ¡lo tenía
abultado! Hice que se subiera en el taburete y saqué aquel aún
minúsculo pero erecto pene, miré a sus ojos y el muy pícaro
se reía, para darle más placer, en lugar de masturbarlo con
las manos lo hice con la boca. Con la edad que David tenía
pensaba que ni siquiera eyacularía, ¡craso error! Después de
transcurridos unos minutos de las caricias de mi lengua tuvo una
corrida que no esperaba, y que con gran excitación tragué. Miré
los ojos de David y me asusté, tenía los ojos traspuestos del
placer que sentía... En uno segundos vino en sí.
-¡Lola,
eres sensacional! Me has hecho el ser más feliz de
la Tierra.
Ni
siquiera mi madre me lo hace tan bien. Repito, ¡eres
sensacional!
-No
me digas que tu madre te hace estas cosas. Me estás mintiendo,
¡no me lo puedo creer!
-Sí
lo hace, y como mi padre sale mucho de viaje, por las noches en
las que él no está me deja follar con ella, ¡grita mucho! ¿Quieres
que te lo haga a ti?
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